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Isabel Gomez. Como tantas otras muchachas vino de su pueblo a trabajar a Barcelona. Empezó como mujer de hacer faenas  y en muy duras condiciones: le hacían fregar de rodillas y muchas veces no le pagaban. Se “juntó” con un hombre y con lo que ganaban los dos fueron viviendo hata que se retiró. Se hizo amiga de las monjas para así poder ayudar a las personas que lo necesitaban: en su caso acompañaba a “chicas” que estaban solas al médico .

Según su criterio, desde que estan las “chicas” de la calle, el barrio se ha estropeado mucho y ha cambiado para peor. Ella recuerda que en verano  “las chicas” cogían un colchón y dormían la siesta, alguna noche también, y nadie las moletaba. Y que sin embargo ahora se tiene que ir mirando atrás para ver quien viene. A pesar de todo, el barrio dicho con sus propias palabras  “Le gusta y no le disgusta”.